Inculcación de la ley

Los guardas no recibieron ninguna formación específica sobre cómo ser guardas. Eran libres, dentro de unos límites, para hacer lo que considerasen necesario para mantener la ley y el orden en el interior de la cárcel y obligar a los reclusos a que mostrasen respeto. Los guardas crearon su propio código de normas, que después hicieron cumplir bajo la supervisión del alcaide David Jaffe, un estudiante de la Universidad de Stanford. No obstante, se les advirtió de la seriedad potencial de su misión y de los peligros que corrían en la situación en que estaban a punto de entrar, como pasa con los guardas auténticos que voluntariamente deciden realizar un trabajo tan peligroso.

Como si fuesen presos reales, nuestros reclusos esperaban alguna vejación, la violación de su intimidad y de algunos de sus derechos civiles mientras estuviesen en la cárcel, así como una dieta mínimamente adecuada -todo ello constaba en el contrato que firmaron, con conocimiento de causa, al ofrecerse voluntarios.


Éste era el aspecto de uno de los guardas. Todos los guardas llevaban uniformes caqui idénticos, un silbato colgado del cuello y una porra prestada por la policía. Los guardas llevaban también unas gafas de sol especiales, una idea que tomé prestada de la película La leyenda del indomable (Cool Hand Luke). Las gafas de espejo evitaban que alguien viese sus ojos o descubriese sus emociones y, por tanto, acrecentaba aún más su anonimato. Y es que, evidentemente, no sólo estudiábamos a los reclusos, sino también a los guardas, que asumieron un nuevo papel cargado de poder.

Empezamos con nueve guardas y nueve reclusos en nuestra cárcel. Tres guardas trabajaban en cada uno de los tres turnos de ocho horas, mientras que tres reclusos ocupaban cada una de las tres celdas desnudas, permanentemente. Los guardas y los reclusos restantes de la muestra de veinticuatro estaban disponibles en caso de que fuese necesario. Las celdas eran tan pequeñas que sólo había espacio para tres catres, donde dormían o se sentaban los reclusos, y para poca cosa más.


Imposición de autoridad

A las 2.30 de la madrugada, se despertó bruscamente a los reclusos con toques de silbato para el primero de los numerosos "recuentos". Los recuentos servían para familiarizar a los reclusos con sus números (los recuentos se repetían varias veces en cada turno y a menudo por la noche). Pero lo más importante es que estas actividades proporcionaban a los guardas una forma regular de ejercer el control sobre los reclusos. Al principio, los reclusos no estaban totalmente metidos en su papel y no se tomaban los recuentos con mucha seriedad. Todavía intentaban afirmar su independencia. También los guardas tanteaban sus nuevos papeles y aún no estaban seguros de cómo ejercer su autoridad sobre los reclusos. Esto fue el inicio de una serie de enfrentamientos directos entre los guardas y los reclusos.


Las flexiones eran una forma habitual de correctivo físico impuesto por los guardas para castigar las infracciones de las normas o las muestras de actitudes inadecuadas hacia los guardas o la institución. Cuando vimos que los guardas hacían hacer flexiones a los reclusos, inicialmente pensamos que era un tipo de castigo inapropiado para una cárcel -una forma de castigo suave y un poco juvenil. Sin embargo, más tarde descubrimos que las flexiones se usaban a menudo como forma de castigo en los campos de concentración nazi, como puede verse en este dibujo hecho por un antiguo prisionero de un campo de concentración, Alfred Kantor. Hay que señalar que uno de nuestros guardas incluso se subía de pie sobre la espalda de los reclusos mientras hacían las flexiones u obligaba a otros reclusos a sentarse o subirse de pie sobre la espalda de sus compañeros.


DEBATE:
Al principio, las flexiones no eran una forma de castigo muy repulsiva, pero lo fue siendo más a medida que avanzaba el estudio. ¿Por qué se produjo este cambio?