• Prólogo
  • Preparación
  • Llegada
  • Guardas
  • Rebelión
  • Quejas
  • Huida
  • Conclusión

Presentación

Pagar con la misma moneda

El rumor de que forzarían la entrada de la cárcel no pasó de ser un rumor. Nunca se materializó. ¡Imaginad nuestra reacción! Habíamos pasado todo un día preparados para frustrar la huida, imploramos ayuda a la policía, trasladamos a nuestros reclusos, desmantelamos gran parte de la cárcel -ni siquiera recogimos ningún dato aquel día-. ¿Cómo reaccionamos ante tal desastre? Con una frustración considerable y con un sentimiento de fracaso ante tanto esfuerzo para nada. Alguien tenía que pagar por ello.

Los guardas intensificaron de nuevo considerablemente el nivel de vejaciones, aumentando las humillaciones que hacían sufrir a los reclusos, obligándoles a realizar trabajos repetitivos y denigrantes como limpiar las tazas de los váteres con las manos desnudas. También les obligaron a hacer flexiones, saltos extendiendo brazos y piernas, cualquier cosa que se les ocurriese, y aumentaron el número y la duración de los recuentos.

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