Voluntarios
Los sospechosos habían contestado a un anuncio del periódico local que pedía voluntarios para un estudio de los efectos psicológicos de la vida en la cárcel. Queríamos ver cuáles eran los efectos psicológicos de convertirse en un preso o carcelero. Para ello decidimos construir una cárcel y después observar los efectos de esta institución sobre el comportamiento de todo aquel que estuviera entre sus paredes.
Más de setenta solicitantes respondieron a nuestro anuncio. Les hicimos entrevistas de diagnóstico y pruebas de personalidad para eliminar candidatos con problemas psicológicos, discapacidades médicas o un historial delictivo o de abuso de drogas. Finalmente, nos quedamos con una muestra de veinticuatro estudiantes universitarios de Estados Unidos y Canadá que se encontraban en el área de Stanford y querían ganar quince dólares diarios participando en un estudio. En todos los aspectos que pudimos probar u observar reaccionaron de una forma normal.
Nuestro estudio de la vida en la cárcel empezó, pues, con un grupo medio de hombres saludables, inteligentes y de clase media. Se dividió a estos chicos en dos grupos, arbitrariamente, lanzando una moneda al aire. Se asignó aleatoriamente a la mitad de ellos el papel de guardas, y a la otra mitad, el de reclusos. Es importante recordar que al principio de nuestro experimento no había diferencias entre los chicos asignados como reclusos y los chicos asignados como guardas.

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